Mi castigo

¡Debo castigarte, entiendo tus razones para no cumplir mis órdenes, pero no puedo pasar por alto tu desobediencia......! 


--Cerré los ojos temerosa, no tenía idea de cuál sería el castigo, mi mente se mostró rebelde, un escalofrío recorrió por completo mi cuerpo, tengo miedo mi Señor, no lo puedo ocultar, no quiero mentirte.-- 
Miedo de no cumplir tu castigo..
Miedo de pensar que puedo volver a fallarte
Miedo de mi reacción ante tus palabras. 
Asumí mi culpa, arrodillada frente a ti, escuché con atención cada una de tus instrucciones. 

 Mi castigo......
Aquí me tienes, postrada ante ti, dispuesta a servirte.

Observo en silencio el objeto que sostienen mis manos...... Una vela blanca de forma cilíndrica y un encendedor rosado. 

Vuelvo a cerrar mis ojos y tomo una bocanada profunda de fortaleza. 
Enciendo con suavidad la vela y me doy cuenta que a pesar de no ser aromática desprende un aroma dulzón que inmediatamente penetra en mis sentidos volviéndome a un estado de relajación profundo. 
Analizo mis errores y veo la grandeza de tu alma, la paciencia que me entregas y el amor en cada palabra y acción que me brindas. 

 Por ti y para ti, mi Señor. 

Con los ojos abiertos, los sentidos confinados en mis pechos, dejo caer las gotas que adornan mi piel, cada gota es una caricia, el dolor se manifiesta seguido de una tenue excitación que poco a poco y con la acumulación de la cera va aumentando. Es una tarea difícil, siento el escozor aumentando, mis uñas desean arañar el mueble de madera que está a mi lado, las gotas al enfriarse restiran mi piel, como un abrazo que me ofrecen logrando desaparecer el miedo. 

Veo tu obra y sonrío satisfecha cuando tus manos acarician la piel herida, la cera cae ante tu majestuosidad, el calor que desprendo lo recibes con agrado. 

He cumplido mi Señor, comprendo mi fallo y me comprometo a mejorar bajo tu doma, secretamente te digo
¡ME HA ENCANTADO!

A tus pies, Señor

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