
Estoy aquí, como cada noche, recordando el pasado que he vivido en tus brazos, intentando escribirlo letra a letra, caricia a caricia en la superficie de mi piel, porque grabado en mi alma ya lo tengo.
Estoy aquí, tendida en esta mesa central que adorna la estancia, sujetas mis manos a cada uno de sus extremos y mis piernas abiertas, atadas de los tobillos a las patas de la mesa, expuesta para ti, con la cintura hunida y el trasero elevado, anhelante de ser usada.
Mi mente y mi cuerpo las he entregado en tus manos, mi corazón desde hace tiempo lo llevas contigo, mi cuerpo reclama a su dueño.
El silencio estremece mis poros, los latidos aturden mis oídos, ahogo las lágrimas cuando la excitación atraviesa mis bordes.
Te espero, tan perra y tan zorra me expongo ante ti.
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